
En el hórreo de Carnota
que es el más descomunal
de todo el mundo mundial
se ha posado una gaviota.
Lleva en el pico una nota
con doce sellos de “urgente”;
pues un marino valiente
le ha pedido por favor
que busque a su gran amor
en el mar o entre la gente.
La gaviota, que es curiosa
y no soporta la cosa
de andar guardando secretos
(que ya los guardaron antes
Montescos y Capuletos
con tan malos resultados)
nada más pasar Cambados
mira a un lado, mira a otro
y más nerviosa que un potro
pillado en rapa das bestas
decide abrir la misiva.
Y el mensaje dice así:
“Ariel, desde que te vi
estoy varado en la arena
de tu perfil de sirena
y navego para ti.
Anclado en las Islas Cíes
solo ansío que me envíes
un pelo de tu melena
para anudármelo al cuello
con una vieira de Ares;
no encontré nada más bello
surcando los siete mares.
Tuyo siempre, de verdad,
el marinero Simbad."
Y la gaviota, perpleja
a pesar de ser ya vieja,
se dijo: “Yo en realidad
no he visto cosa más cursi
ni prosa más relamida
que la de este tal Simbad;
con razón la sirenita
anda por ahí escondida
sin dar señales de vida.”

Y si queréis leer sobre las trastadas de una Meiga (bruja gallega): Matapitos.com (Gloria Sánchez | Fran Jaraba | Edicións Xerais)
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