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domingo, 16 de mayo de 2010

Historias de nuestra historia

Me llevé a Yako al Museo Arqueológico Nacional para celebrar la Noche de los Museos. Bailarinas y personajes históricos rodeados de música recorrían las escaleras y el jardín.
Subimos a la preciosa Sala de Nobles. ¡Menos mal que los libros estaban bajo llave! Al monstruíto comelibros Yako se le hacía la boca agua, pero enseguida se embobó escuchando lo que nos contó la vieja Areva: ¡qué orgullosos y valientes los numantinos!
Después, vinieron las explicaciones de las obras hidráulicas por parte del arquitectus Cayo a los indignados habitantes de Calagurris (Calahorra): ¡qué listos los romanos! (puf, si escucha el alcalde a este singular constructor, lo contrata fijo...)
Hubo más personajes: el rey Bamba, Subh, la favorita del califa... Todavía los podéis ver en el Museo (La historia contada por sus protagonistas).

Estas historias nos recordaron el libro La colina de Edeta (Concha López Narváez).
En el siglo III a. c., los pueblos íberos luchan con cartagineses y romanos, pero tres jóvenes se hacen amigos a pesar de pertenecer a distintas culturas, sexo y religión.
Así comienza:
1. Ater y su familia.
"A Lisias le agradaba aquel muchacho recio y moreno que había dicho llamarse Ater y tener trece años, los mismos que el tenía. La mirada de sus ojos oscuros, aunque un tanto altiva, parecía sincera. Vestía una túnica corta, ceñida con un ancho cinturón del que pendían un cuchillo de puño labrado y una larga honda de esparto. Adornaba uno de sus brazos con un brazalete de bronce, en el que había grabado una cabeza de guerrero, y de su cuello colgaba un extraño amuleto."

El libro está lleno de detalles (en ocasiones excesivos) sobre la vida, las costumbres y las creencias de la época prerromana, además de muchos datos históricos. La relación entre los chavales no se recrea como idílica, sino que responde de forma realista a la complicada situación que viven.
La historia humana está llena de guerras, parece que nos gusta más dominar que colaborar, pero la convivencia es posible.
Nos gustan los retos difíciles.